Sin preocupaciones


Reconocer que preocuparte no es algo que quieras hacer, es fácil. Está claro que preocuparse no sólo es una pérdida de tiempo, sino que además genera todo un conjunto de energía y expectativas negativas. Lo que no es tan fácil es dejar de lado las preocupaciones. Si, tú sabes que la preocupación, y su prima mayor, la ansiedad, son actividades destructivas. Sin embargo, hay una gran diferencia entre saber que hay que evitar las preocupaciones y realmente evitarlas.

¿Por qué? ¿Por qué preocupación y ansiedad son tan persistentes, incluso a pesar de que se uno se siente tan mal sintiéndolas? Bueno, aunque la preocupación no sea placentera, resulta conocida, y hasta cómoda. Sabes cómo hacerlo, y en realidad probablemente hasta seas muy bueno haciéndolo. En lugar de desafiarte a hacer algo más positivo, preocuparte resulta, simplemente, más fácil. Aunque se sienta de lo peor. Aunque tú sepas que te está paralizando y deprimiendo.

Además, preocuparse tiene algunas implicancias más fuertes aún. Planificando cómo manejar tus problemas incluso antes de que se conviertan en problemas, te colocas en una posición mucho más positiva. Entonces a veces, una preocupación puede derivarse de un deseo de prepararte a ti mismo para los desafíos por venir. Eso está muy bien y es bueno, aunque hay una gran diferencia entre una planificación efectiva y una preocupación obsesiva. Esa diferencia se reduce a la acción. Planificar se basa en poner manos a la obra. Preocuparse se basa en el miedo, el enojo, la auto compasión y el resentimiento. Si sientes que estás al mando, con un camino claro por delante, eso no es preocupación. Si sientes que estás empantanado e indefenso, eso sí que es preocupación.

 

 


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